El tiempo siguió su curso.Un año había pasado desde la inauguración de la biblioteca, y la vida de todos había cambiado de maneras que, años atrás, parecían imposibles.La fundación se había convertido en un referente para toda la ciudad. Decenas de niños asistían diariamente a clases de lectura, arte, informática y música. La biblioteca, que comenzó como un sueño, ahora estaba llena de voces infantiles, páginas abiertas y futuros que empezaban a escribirse.Julián continuaba al frente de su empresa, pero había delegado gran parte de las responsabilidades a un equipo de confianza. Había comprendido que el éxito no consistía en trabajar sin descanso, sino en encontrar un equilibrio entre la profesión y la vida.Aquella mañana caminaba por los pasillos de la fundación cuando escuchó una voz conocida.—¡Señor Julián!Era Mateo.El niño, que ya había crecido varios centímetros, corría con un cuaderno bajo el brazo.—¿Qué llevas ahí? —preguntó Julián con una sonrisa.—Es un cuento que esc
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