El aroma a madera de sándalo y papel antiguo se desprendió de la caja en cuanto Esmeralda levantó la tapa de bronce. Dentro, envuelto en un pañuelo de lino descolorido, reposaba un pequeño cuaderno de cuero gastado por las esquinas y un viejo relicario de plata con las iniciales V.D. grabadas en la superficie.Emilio se acercó, colocando una mano protectora sobre el hombro de Esmeralda, mientras Catalina daba un paso atrás, cruzando los brazos con una mezcla de melancolía y alivio. Ella ya conocía el peso de lo que habitaba en ese cofre; había sido su guardiana durante más de dos décadas.Esmeralda tomó el cuaderno con una delicadeza extrema, como si temiera que las páginas se deshicieran entre sus dedos. Al abrir la primera hoja, la caligrafía inclinada y elegante de su madre, Victoria, inundó su mirada color miel."Para mi pequeña Esmeralda. Si estás leyendo esto, significa que el hierro de tu herencia no te destruyó, y que Catalina ha encontrado el momento de paz que yo nunca p
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