Hans leía con atención un documento que David, su secretario personal, acababa de traerle. El hombre, de gran estatura, estaba sentado frente a Hans observando a su jefe; de vez en cuando explicaba el contenido del texto si Hans no terminaba de entender algo.Su concentración se vio interrumpida cuando el celular de Hans, que estaba sobre la mesa, comenzó a sonar. Hans clavó la vista en la pantalla y, tras leer el nombre del remitente, lo tomó de inmediato para revisar el mensaje.Hans esbozó una leve sonrisa y tecleó unas cuantas palabras antes de volver a dejar el teléfono sobre la mesa.—Ya he firmado todo, tú puedes encargarte del resto —dijo Hans. Se puso de pie, tomó su chaqueta y se la puso.—Si me permite la pregunta, ¿a dónde se dirige, Sr. Hans? —preguntó el hombre, que tenía aproximadamente la misma edad que su jefe.Hans sonrió levemente tras ajustarse la chaqueta. —A encargarme del futuro —dijo, logrando que David sonriera con dulzura. Era la primera vez que veía a su jef
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