El reloj marcó las doce de la noche. Jayden se vio obligado a despertar de su sueño, que apenas había durado unos minutos, porque su teléfono no dejaba de sonar. El ruido era ensordecedor.—¡Ugh! ¿Qué le pasa a esta mujer? —Jayden se mostró molesto al ver el nombre de Aria en la pantalla. Todas las llamadas que había estado ignorando también eran de ella. Absolutamente todas.Había al menos treinta llamadas perdidas y, por alguna razón, eso hizo que Jayden se sintiera un poco preocupado. Aria no solía llamar con tanta frecuencia; además, ella debía saber perfectamente dónde estaba él.Presintiendo que algo extraño ocurría, Jayden se levantó de la cama. Recobrando los sentidos, le devolvió la llamada. Por suerte, Aria respondió de inmediato, como si hubiera estado esperando o preparándose para marcarle de nuevo.—Hola, Aria. ¿Qué sucede? —preguntó Jayden sin rodeos.Sus ojos, antes nublados por el sueño, se abrieron de par en par al escuchar el fuerte llanto de un bebé al otro lado de
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