Elena estaba a punto de marcharse, pero Jayden la sujetó de la mano con fuerza. Ella no se giró, y el agarre de él se volvió aún más firme.—¡Ah! ¡Jayden, suéltame! —Elena se dio la vuelta, sintiendo el dolor punzante en su muñeca.Sin embargo, el grito se le murió en la garganta al ver a Jayden. Sus ojos, antes fríos y calculadores, estaban anegados en lágrimas.—Jayden, tú... —susurró Elena, quedándose sin palabras. Era la primera vez que lo veía llorar. Él era el hombre más fuerte que conocía; no era alguien que se quebrara sin una razón devastadora.—Por favor, no me dejes, Elena —susurró él, apretando su mano como si temiera que, al soltarla, ella se desvaneciera para siempre.—Pero yo...—Solo te tengo a ti. Si tú también me dejas... ¡¿con quién se supone que debo estar, Elena?! —gritó Jayden. Lentamente, su fuerza flaqueó y su mano resbaló de la de ella.*«¿A qué se refiere?»*, se preguntó Elena, aturdida. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Jayden actuaba así de repente?El cuerpo d
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