Alma tomó la decisión a las tres de la madrugada, que es la hora en que el cerebro humano, agotado de razonar, empieza a funcionar con una claridad peligrosa.La escribió en el mismo folio de la factura de electricidad donde había anotado los cuatro pasos del plan. Añadió un quinto. Lo tachó. Volvió a escribirlo. Lo tachó otra vez, y después lo dejó porque tachar algo dos veces es, en el fondo, una forma de confirmarlo.*Voy sola.*No era impulsividad. O sí lo era, pero del tipo que lleva nueve años acumulándose hasta que ya no cabe más en el pecho y tiene que salir por algún sitio. Había calculado las probabilidades, que era algo que había aprendido de Gael sin querer, por osmosis, como se aprenden los malos hábitos y las cosas que después se necesitan desesperadamente. Las probabilidades decían que si Gael ven&iacut
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