Las fotografías no estaban organizadas por fecha.Ese fue el primer detalle que Alma notó, y lo notó porque era el tipo de detalle que su cerebro elegía para aferrarse cuando el resto de la información resultaba demasiado grande para procesarla de una sola vez. No por fecha, no por lugar, no por ningún criterio aparente que ella pudiera identificar. Solo estaban ahí, dispuestas sobre el escritorio como si alguien hubiera vaciado una caja sin prisa, sin intención de ordenar nada, porque quien las había guardado sabía exactamente dónde estaba cada cosa sin necesidad de etiquetas.Gael las había encontrado en la tercera carpeta del archivo que el técnico había adjuntado junto con el nombre de Rosario Vidal, como si el nombre solo fuera la portada y el contenido real estuviera en otro sitio.—Alma —dijo él, con ese tono que usaba cuando quería
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