Narra: Amelia
Las turbulencias del transporte militar de fuselaje oscuro sacudían la cabina con una violencia sorda, rítmica y destructiva. A través de las ventanillas reforzadas, no había rastro de la Toscana; solo una masa densa de nubes negras y ventisca helada que golpeaba el metal mientras cruzábamos el espacio aéreo restringido de los Alpes. Dentro, la iluminación era de un rojo de emergencia de alta intensidad, un resplandor que proyectaba sombras alargadas sobre las terminales portátiles