(Narrado por Sergio)
Ella negó con la cabeza, y por fin las lágrimas escaparon, mezclándose con el maquillaje.
—Olvídalo, Sergio. Por favor, solo llévame a casa. A ese maldito mausoleo. Solo quiero estar en paz.
Sin opción, y con el corazón pesado por una preocupación que yo mesmo no comprendía del todo, la llevé a su apartamento. El trayecto fue silencioso, tenso.
Al llegar, salió del coche antes de que yo pudiera apagar el motor y cruzó los brazos, haciendo birra como una niña agotada.
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