Capítulo 60 —La Rendición de la CarneDurante los cuarenta minutos que duró el trayecto, se repitió el mismo mantra una y otra vez.—No vuelves por él. Vuelves porque la cena terminó, porque estabas cansada, porque no tenías nada que hacer en la habitación de Paul Hamilton.Se lo dijo en silencio, con una severidad casi desesperada, intentando convencerse de que su huida del hotel de cinco estrellas había sido un acto de pura dignidad y no una rendición absoluta ante el recuerdo del arquitecto.Cuando el vehículo se detuvo frente a la escalinata de la mansión, el silencio de la medianoche la recibió. Cruzó el umbral de la entrada y comenzó a subir la imponente escalinata, despojándose de los zapatos de tacón a mitad del camino.Al llegar al ala principal del piso superior, sus pies la llevaron por inercia hacia el pasillo de la suite de Sergio. Se detuvo frente a su puerta. Se quedó allí, inmóvil, sintiendo cómo el pulso le martilleaba en las sienes. Estiró los dedos hacia el pomo, dud
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