Capítulo 58 —Una cita con mi hijo
Sergio no se inmutó ante su reclamo. Acortó los pasos que los separaban con esa parsimonia que lo caracterizaba, obligándola a levantar la mirada conforme él se detenía a escasos centímetros de su cuerpo. La imponente anchura de sus hombros pareció absorber toda la luz de la estancia, envolviéndola en su campo de gravedad. Maribel pudo sentir el aroma su colonia y whisky que se desprendía de su aliento, una combinación letal que le aceleró el pulso dentro del pe