Capítulo 60 —La Rendición de la Carne
Durante los cuarenta minutos que duró el trayecto, se repitió el mismo mantra una y otra vez.
—No vuelves por él. Vuelves porque la cena terminó, porque estabas cansada, porque no tenías nada que hacer en la habitación de Paul Hamilton.
Se lo dijo en silencio, con una severidad casi desesperada, intentando convencerse de que su huida del hotel de cinco estrellas había sido un acto de pura dignidad y no una rendición absoluta ante el recuerdo del arquitecto.