MICHAEL
Las luces de la clínica son demasiado blancas, taladrándome directamente el cráneo como si quisieran terminar el trabajo que empezó mi dolor de cabeza. Me siento en el borde de la camilla con los codos sobre las rodillas y los dedos entrelazados, intentando mantener los músculos de la mandíbula lo suficientemente tensos para no rechinar los dientes.
Mi cabeza late con pulsaciones regulares y deliberadas, como para recordarme que no todo está bajo mi control.
Ron está de pie junto a la v