Perspectiva: AlexandraLa nieve no era blanca en las montañas de los Cárpatos; en la profundidad de la noche, bajo los pinos milenarios, era un océano de ceniza helada.Llevábamos caminando lo que parecían días, aunque mi reloj, con el cristal agrietado, indicaba que solo habían pasado seis horas desde que dejamos el cadáver de Vance en el búnker. Cada paso que daba requería hundir la bota hasta la rodilla en la nieve virgen, tirar del peso de mi propio cuerpo y volver a avanzar. Mis pulmones quemaban como si estuviera inhalando cuchillas de cristal. Mis muslos temblaban por el esfuerzo constante.A cinco metros por delante de mí, Caleb abría el camino.Se movía como una máquina, rompiendo la nieve espesa con sus botas para que yo pudiera pisar sobre sus huellas. No llevaba abrigo, solo el chaleco táctico sobre la camisa manchada de sangre seca. Su herida en el brazo debía estar palpitando por el frío y el esfuerzo, pero no había emitido ni un solo quejido. El "Diablo de Wall Street"
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