Perspectiva: AlexandraEl silencio en la mansión era absoluto. Demasiado pesado. Demasiado denso.Cuando abrí los ojos, el lado de la cama de Caleb estaba frío. La luz de la mañana se filtraba por las cortinas de seda, pintando la habitación con un tono dorado engañosamente pacífico. Por un segundo, la brutalidad de la noche anterior y la confesión sobre la mafia rusa parecieron una pesadilla distante.Pero entonces miré mi teléfono en la mesita de noche. La pantalla estaba inundada de notificaciones, pero no de clientes o de mi equipo en Vanguard PR. Eran alertas de seguridad interna.Me senté de golpe, apartando el edredón. Me puse una bata de seda negra y caminé descalza hacia la puerta del dormitorio. Al abrirla, no encontré el pasillo vacío habitual. Elias, el jefe del equipo de seguridad personal de Caleb, estaba de pie a dos metros de distancia, con los brazos cruzados y un auricular en la oreja.—Buenos días, señora —dijo Elias, su voz grave carente de cualquier inflexión.—El
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