—Bisturí —dije, extendiendo la mano derecha hacia un lado.Tomé una profunda bocanada de aire cuando el enfermero dejó el frío acero en mi palma. El olor penetrante a desinfectante del quirófano de urgencias del hospital general me llenó los pulmones. Antes, ese olor me hacía sentir como en casa. Ahora, no podía evitar compararlo constantemente con el aire fresco del Norte, con su aroma a pino y lluvia.—La hemorragia se ha detenido, doctora Aris —dijo Liam, el jefe de residentes frente a mí. Me miraba con respeto por encima de la mascarilla—. Podemos empezar a suturar.—De acuerdo, Liam. Cerramos. Ten cuidado, la vía venosa es muy delicada.Al salir de la cirugía, mientras me cepillaba las manos, observé mi reflejo en el espejo. Tenía unas ojeras oscuras y el pelo hecho un desastre. Habían pasado exactamente tres semanas desde que hui del Norte, de aquella mansión rodeada de niebla y de sus juegos sangrientos, para volver a esta jungla de asfalto. Tres malditas semanas.—Estuviste in
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