**DAMIAN**El fragmento de frase de Elena impactó contra mi control corporativo con la violencia de una ola rompiendo los muelles. Mis dedos se crisparon, y con un movimiento rápido, implacable, le atrapé la nuca, hundiendo mis falanges en su piel para anular cualquier amago de retirada. La arrastré contra mi pecho, sintiendo el curso salvaje de su yugular acelerarse bajo mi tacto caliente. Su frenesí indomable, esa rigidez aristocrática que se negaba a quebrarse incluso cuando su cuerpo temblaba de sumisión ante mi cercanía, me volvía loco.“Me hablas de bastardos y leyes, pero tus manos siguen buscando magnéticamente mi sastre para no caer ante el abismo de tu propio pudor”.—Ningún hijo que lleve mi sangre será llamado bastardo en esta ciudad, Elena —mi voz bajó a un susurro denso, espeluznante, pegado a su boca—. Mi apellido no necesita de la firma de un juez corrupto para marcar lo que es mío. El escudo de las Industrias Cavalli se graba con fuego, no con tinta de notaría.—¡Para
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