Jasemin.El aire dentro de la habitación dejó de sentirse normal en el momento exacto en que Aarón cerró la puerta detrás de sí, con esa calma suya que siempre parecía más violenta que cualquier golpe, como si el mundo tuviera que obedecer el sonido de ese cierre.Yo seguía ahí, de pie frente a la mesa, con las manos sobre la tela que debía estar doblando, pero ya no estaba trabajando, estaba esperando sin querer admitirlo, porque su presencia siempre hacía eso, convertía cualquier espacio en algo demasiado consciente.Él no habló de inmediato, solo me miró, y eso ya era suficiente para tensarlo todo.Su mirada no era curiosa, ni era amable, era directa, fija, como si no hubiera nada en la habitación que valiera la pena mirar excepto yo, y eso debería haberme enfurecido… pero en su lugar me dejó quieta.Demasiado quieta.—Te ves peor de lo que esperaba —dijo al fin.Su voz no tenía cuidado, ni suavidad, literalmente era un juicio, así que levanté la barbilla apenas.—No vine a gustart
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