Marcas la consulta para el final de la tarde, tal como te pidió en el mensaje anterior. Tú, como buena paciente, obedeces, claro. Llevas un vestido ligero, floral, que cae hasta las rodillas, pero sin nada debajo sientes el aire fresco golpeando directo en tu coño a cada paso.El corazón se te acelera solo de pensar en lo que va a pasar en la clínica. Cada vez que vas, la consulta se pone más intensa, más prohibida. Pero no paras. No puedes. ¿Estarías enamorada? No, no, piensas. Por más que sea muy guapo y me haga sentir tan bien, es solo… carnal. El Dr. Rafael Miranda es un médico excelente.Llegas puntual a las 17:00. La recepcionista rubia, Emma, te sonríe como siempre, pero esta vez dice:— El Dr. Rafael te espera en la sala de ultrasonido. Es un examen especial hoy. Puedes entrar directo, puerta 3.Asientes, con la garganta seca. ¿Sala de ultrasonido? Eso es nuevo. Caminas por el pasillo blanco, huele a antiséptico en el aire, y abres la puerta 3.La sala es más grande que la de
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