HASSAN AL-ÁSADEl camino hasta la habitación nunca me había parecido tan largo. Llego a mi habitación y la abro, observo que ya todo está perfectamente ordenado y en su lugar, pero hay algo que falta aquí, o mejor dicho, alguien, así que ¿dónde diablos está mi mujer?Me doy la vuelta para ver a Jamil, quien ya se encuentra atrás de mí.—¿Dónde está mi mujer? —preguntó sintiendo cómo se me dificulta respirar.–Aún se encuentra en la otra habitación, majestad – responde —¿Qué, no te di una maldita orden? —preguntó reprimiendo las ganas que tengo de tomarlo por el cuello.—Lo sé, majestad, pero no —se queda callado—, no pude cumplir su orden —responde.—¿De qué mierda hablas? —preguntó, ya que no era tan difícil lo que le pedí, solo ordenar la habitación y cambiar los muebles rotos por unos nuevos y, al tener ya todo listo, llevar a mi mujer a su aposento, a nuestro aposento.—Es que... —Se queda callado y su silencio ya me está exasperando. —La señora está... Solo en bata —responde con
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