Capítulo 31 — Sombras y confesionesAnastasia permanecía recostada en su cama, con su rostro más sereno que días atrás, aunque todavía marcado por la fragilidad. Había algo nuevo en ella: un color sutil en sus mejillas, una chispa en la mirada, como si la vida estuviera poco a poco regresando a su cuerpo.Oleg se había mantenido de pie junto a la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho y esa expresión férrea que no cedía fácilmente. Había pasado largos minutos con Anastasia, intentando hacerle ver lo que significaba permanecer al lado de Dimitri, pero sus palabras parecían haberse estrellado contra un muro de determinación. Por primera vez en mucho tiempo, él había sentido que su lógica no bastaba, que había algo más fuerte en esa joven que lo dejaba sin argumentos.La puerta se abrió de golpe, sin aviso, y un aire pesado llenó la habitación. Dimitri entró con su andar imponente, no su camisa manchada de sangre, pero con un solo objetivo clave, Anastasia. Sus ojos se encontraron
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