—Felicidades, señorita María Fernanda. Usted es una seria candidata a drogar a mi hijo en caso de que le cause problemas.Lo miré, incrédula. ¡Solo podía ser una broma!Claro que debería haberme defendido de inmediato. Pero aquello era tan absurdo que tardé en recomponerme.—Podría decirle mil cosas, señor…—Enzo —dijo, con seriedad—. Pero todos aquí sabemos que usted ya sabe mi nombre, ¿verdad?Entrecerré los ojos, atónita. Ok, en esa parte tenía razón para desconfiar de mí. Realmente debería haber hecho mejor la tarea y al menos haber investigado quién me había llamado a la entrevista.Pero no tenía forma de estar segura de que era el CEO de esa empresa de armas el que contrataba a la niñera. Podía ser solo la entrevista en ese espacio. Al fin y al cabo, nunca se dijo para quién trabajaría en realidad. Además, para que el proceso fuera más ético, todo debería haberse hecho en la casa donde trabajaríamos y no en la empresa. ¿O es que Davi pasaba todo el día allí y no en casa?Bueno,
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