Levemente porque él no sonreía de verdad. No sé si alguna vez mi padre sonrió de felicidad. Tal vez ocurrió cuando mi madre estaba viva. Mis tíos y los padres de Michael, amigos de la familia desde siempre, contaban que él y mi madre se amaban mucho. Que eran la pareja más feliz del mundo. Hasta que ella tuvo cáncer. Y murió.
Un cáncer rápido que se la llevó en menos de un año, sin darnos mucho tiempo para despedirnos. Cuando ella partió yo tenía ocho años. Will seis.
La puerta de la sala se ab