MINUTOS DESPUÉS Valeria mantiene la espalda recta, aunque cada fibra de su ser le grita que escape de ese nido de lobos. Frente a ellos, los líderes del cartel de logística, hombres con cicatrices tanto en el rostro como en el alma, la devoran con la mirada, subestimando la inteligencia que se esconde tras su fachada de secretaria perfecta. Adrián, sentado a su lado con la elegancia depredadora de un soberano que sabe que el mundo le pertenece, rompe el silencio con una voz que, aunque baja y aterciopelada, corta las conversaciones cruzadas como una guadaña afilada, silenciando de golpe el murmullo de los hombres.–Señores, agradezco su puntualidad, aunque espero que la eficiencia de su transporte sea mejor que su sentido de la etiqueta; mirar fijamente a mi mujer no es la mejor manera de empezar una negociación sobre rutas de contrabando –dice Adrián, y su voz, aunque baja y aterciopelada, corta las conversaciones cruzadas como una guadaña, haciendo que el líder del cartel de log
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