La caverna bajo el glaciar de los Alpes se había convertido en un útero de pesadilla, donde el tejido de la realidad se desgarraba con cada vibración de la montaña. Arriba, el impacto de los proyectiles cinéticos del FDU seguía martilleando el Castillo Valerius, enviando ondas de choqe que hacían que las estalactitas de hielo cayeran como lanzas de cristal sobre el campo de batalla. En el centro del caos, Kushiel, el Arquitecto de la Carne, se erguía como una blasfemia de obsidiana y poder antiguo, su mera presencia distorsionando la biología de todo lo que lo rodeaba.Justo cuando la Tríada se preparaba para el choque definitivo, el aire en la periferia de la caverna se saturó con un olor a incienso rancio y sangre vieja. De las sombras de los túneles laterales, emergió el Cónclave de Londres. Lord Alistair, con su bastón de plata, y Madame Seryna, envuelta en sedas que se movían solas, aparecieron escoltados por una guardia de élite. Habían llegado a través de un portal privado, cre
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