Entonces Raihan terminó por apartarse de Asiget.—Dijiste que puedes caminar sola, ¿no es así? —resaltó con desdén—. Te tocará hacerlo esta vez.Se dio media vuelta y se alejó de ella por el pasillo. Estaba furioso consigo mismo, con el vínculo, con Fenrir y, sobre todo, con Asiget. La sensación de sus labios seguía impregnada en su boca, y eso únicamente aumentaba el mal humor que llevaba dentro.Por su parte, Asya caminaba de regreso hacia su habitación. Antes de entrar a su alcoba encontró a Mayra frente a la puerta, golpeando la madera mientras llamaba.—¿Señorita Asya? ¿Está adentro?Sin embargo, cuando Asya apareció, Mayra abrió los ojos con sobresalto al verla en semejante estado, con los ojos rojos y la nariz húmeda, derramando mares de lágrimas.Asya empujó a Mayra para apartarla del camino y entró en la alcoba, a lo que Mayra ingresó detrás de ella.—¡Señorita Asya! —exclamó Mayra, cerrando la puerta tras de sí.Asya caminó hasta el escritorio situado al otro extremo y apoy
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