Se levantó de la silla por puro instinto, cubriéndose la boca con las manos mientras las lágrimas desbordaban sus ojos claros.El salón entero se giró hacia ella; cientos de miradas cargadas de morbo, desprecio y burla se clavaron en su vestido marfil.Alex se puso de pie de un salto, rodeando la mesa para cubrir a Helena con su cuerpo, pero el mundo ya se había desmoronado bajo sus pies. Miró hacia la tarima, con los ojos inyectados en sangre.— ¡Apaga eso, Magnus! — rugió Alex, dando un paso hacia el escenario, pero cuatro guardias de seguridad armados, con el uniforme de la escolta personal del viejo, salieron de las sombras y le bloquearon el paso, apuntando directamente a su pecho.Magnus Miller no se inmutó.Detrás de él, las imágenes de la traición de su "heredero" seguían reproduciéndose en bucle. El viejo sociópata soltó una risa seca, infame y vibrante que resonó en los altavoces como el veredicto de un dios despiadado.— ¿Creías q
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