Mientras tanto, en el ala norte de la mansión de Star Island, el silencio sepulcral pesaba más que cualquier cosa.Helena permanecía sentada en el borde de la cama, con los pies descalzos rozando la alfombra mirando caer las gotas de la solución salina que llevaba, desde hacía días, en su brazo menos maltratado.En su muñeca derecha todavía podía verse un hematoma, y tenía una pequeña costra de sangre seca, donde la aguja había sido arrancada por el tirón de Magnus aquella noche de furia en la que le cortó toda comunicación con Brooke.No le importaba el dolor físico, su mente estaba fija en los pesados tablones de madera que ahora tapaban por completo la moldura de la pared.Al otro lado, los sollozos de Brooke habían desaparecido, reemplazados por el sonido sordo de los guardias arrastrando los muebles para asegurar el aislamiento defin
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