Helena se quedó completamente helada, petrificada bajo el peso de las palabras de Alex.El pulso le latía con fuerza en los oídos y el aire pareció esfumarse de la suite médica. La presión del agarre de Alexander en su muñeca no disminuía, sus dedos eran un grillete caliente que la anclaba a una realidad de pesadilla.Esos ojos grises, desprovistos de la devoción de los últimos meses, la escaneaban con una hostilidad que le desgarraba el alma.— Señor Miller, por favor, modere su fuerza inmediatamente — intervino el doctor Villalobos con urgencia, dando un paso al frente y colocando sus manos cerca del brazo tenso del magnate — Está saliendo de un estado crítico. Su presión arterial está rozando niveles peligrosos.Alexander soltó la muñeca de Helena con un movimiento seco, casi con asco, como si tocarla lo contaminara.Volvió a recostar la espalda en la almohada, pero su postura no denotaba debilidad, sus músculos permanecían contraídos, listos para el ataque.— Explíquese, doctor —
Ler mais