La camioneta pick-up negra huyó devorando el asfalto húmedo, dejando tras de sí un rastro de neumáticos quemados y el eco del peor error de su vida. El secuestro de Alexander junior se había consumado en un parpadeo de violencia ciega.En el interior del auto volcado, el silencio regresó con una crueldad asfixiante. El aire, saturado de pólvora y el olor acre del radiador destrozado, se estancó en los pulmones de Helena.Ella seguía de rodillas, con los dedos ensangrentados y las palmas clavadas en el suelo del vehículo. Sus brazos, que hasta hacía unos segundos acunaban el milagro de su vida, ahora pesaban como el plomo, vacíos, despojados por las garras de Magnus Miller.— ¡Alexander! — el grito volvió a desgarrar su garganta, pero esta vez no fue una súplica, fue un rugido de pura devastación.— Helena... — la voz de Chase sonó como un quejido lejano, ahogada por la sangre que le subía a la boca — Tienes... tienes que reaccionar. Ashley... la niña...
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