Punto de vista de Emilio Él no se apartó. En cambio, me miró despacio, como si hubiera estado esperando exactamente que eso pasara, como si mi pequeño roce accidental hubiera confirmado algo que ya sabía. Sus ojos se suavizaron, pero esa pequeña sonrisa se quedó en sus labios, solo una leve curva. De alguna forma me retorció el estómago, como si alguien hubiera hecho un nudo y tirado de él. —Estás nervioso esta noche —murmuró. Intenté hablar —de verdad lo intenté—, pero en cuanto abrí la boca no salió nada. Tenía la garganta apretada, como si hubiera olvidado cómo funcionar. Podía sentir mi corazón presionando contra ella, fuerte y evidente. Sinclair soltó una risa suave y cálida, del tipo que salía de él despacio y hacía que el aire se sintiera más pesado. —Relájate, azúcar —dijo—. No voy a morderte. A menos que tú quieras. La forma en que lo dijo… tan calmado, como si no fuera nada… hizo que toda mi cara se calentara. Tosí, fingiendo que tenía algo en la garganta, pero
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