Punto de vista de Emilio
Se rio de verdad. Un sonido profundo y cálido que rodó por su pecho y llegó a mis manos.
No era burlón.
No era sarcástico.
Era suave, como si le gustara que me hubiera agarrado a él. Como si lo esperara.
Dentro del casco, mi cara se calentó tanto que estaba seguro de que brillaba. Apoyé la mejilla contra su espalda por un segundo, esperando que el viento me enfriara, esperando que él no pudiera sentir lo avergonzado que estaba.
Pero de alguna forma, la forma