Punto de vista de CeliaHoy era mi primer día en la residencia del señor Romano, y desde que abrí los ojos esa mañana, un nudo nervioso se instaló en mi pecho. No era el tipo de nervios agudos que te hacen entrar en pánico, sino esa sensación lenta y vibrante que te invade antes de un examen importante. Me repetía que estaría bien, que solo era un trabajo, que había manejado situaciones peores. Pero aun así, mis dedos no dejaban de juguetear con la cremallera de mi bolso.Me había contratado su asistente, la señora Alder, como criada. Sonaba estricta por teléfono, pero no antipática. Me dijo que me pagarían bien, que el trabajo no era difícil si escuchaba y mantenía todo ordenado, y que al señor Romano le gustaba su casa tranquila y en orden. El sueldo era realmente atractivo, casi sospechosamente bueno, pero no podía darme el lujo de cuestionarlo. Necesitaba el dinero. Mucho.Lo extraño era que no tenía ni idea de cómo era el señor Romano. La noche anterior intenté buscarlo en intern
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