Punto de vista de Emilio
La panadería siempre se quedaba en silencio después de cerrar. El zumbido de los hornos se apagaba, el aire se volvía quieto y el único sonido que quedaba era el suave tic-tac del reloj encima de la puerta. Limpiaba las encimeras más lento de lo necesario, fingiendo que todavía tenía cosas por hacer. Tal vez lo hacía para quedarme un poco más en ese silencio… o tal vez porque sabía que él volvería a entrar.
Siempre lo hacía.
Tres noches seguidas ya. Siempre a la m