Punto de vista de Sara
Lo miré despacio. Su expresión no era dura ni fría: era suave, pero había un destello en sus ojos que me ponía nerviosa. Tragué saliva, con los dedos inquietos a los lados del cuerpo, antes de dar un pequeño paso hacia él.
Cada paso se sentía más pesado que el anterior. Mi respiración era superficial y el corazón me latía con fuerza en el pecho. Cuando por fin me detuve frente a él, no supe dónde poner las manos ni qué decir.
Lo miré desde donde él estaba sentado en