El aire fuera del hospital era cálido e inútil.Valentina se quedó de pie en la acera y lo respiró de todos modos, porque era mejor que estar dentro. Miró la calle, los coches que pasaban, la tarde ordinaria de martes que transcurría en todas partes menos en la sala de espera de la que acababa de salir.Quería un cigarrillo.No había querido uno en seis años. Lo había dejado a los diecinueve con la terquedad de quien decide dejar de desear cosas que le hacen daño, algo que en aquel entonces se extendía mucho más allá de los cigarrillos. No había vuelto a pensar en ello desde entonces. Pero de pie allí ahora, con la bofetada todavía escociéndole en la mejilla y la imagen de una niña de tres años en urgencias en algún lugar de ese edificio, lo deseaba con una claridad que la sorprendió.No tenía ninguno.Se quedó mirando a la nada en su lugar.Pensó en la sala de espera. En cómo, en cuanto Carolina empezó con Emilio y Emilio le contestó, y la abuela se levantó con su compostura particul
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