El salón de conferencias del hotel Jaragua estaba lleno hasta el último asiento.Cámaras, micrófonos, periodistas con libretas y grabadoras. El aire olía a café, perfume caro y anticipación. En el centro de la tarima había una mesa larga con tres sillas: una para Ramón Montiel, otra para Elena de la Vega y, en el medio, dos sillas para Valeria y Mateo.Valeria sentía que el corazón le iba a salir del pecho.Estaba sentada al lado de Mateo, con la mano firmemente entrelazada con la de él debajo de la mesa. Llevaba un vestido azul marino elegante pero sobrio, el cabello recogido en un moño bajo y un maquillaje que ocultaba las ojeras de la noche anterior. Mateo vestía un traje negro impecable que le quedaba como hecho a medida, aunque su expresión seguía teniendo ese toque salvaje que nunca desaparecía del todo.Ramón Montiel tomó la palabra primero, con voz firme y controlada:—Gracias a todos por venir. Hoy queremos aclarar los rumores que han circulado en los últimos días. Mi hija Va
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