Varios pisos más abajo, Valeria permanecía frente al espejo del departamento privado terminando de acomodarse el cabello con movimientos lentos. Afuera seguía lloviendo, y el reflejo grisáceo del cielo convertía la habitación en un espacio silencioso y suspendido donde el tiempo parecía avanzar con más cuidado. Llevaba varios minutos observándose sin darse cuenta realmente de que lo hacía. El suéter claro, las marcas tenues que todavía permanecían alrededor de sus muñecas, la palidez que todavía no había cedido del todo. Una imagen extraña, casi ajena, como si siguiera aprendiendo a reconocerse dentro de su propio cuerpo después de meses en que ese cuerpo había sido tratado como algo que no le pertenecía.Detrás de ella, Sofía había dejado preparado un pequeño dispositivo d
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