## MARCOAbrí el botiquín de primeros auxilios de un tirón, volcando todo el contenido sobre la encimera. —¡Vete a la m****a! Jódete, Sergio —maldije entre dientes, separando las herramientas que necesitaba con manos temblorosas.Siseé de dolor al verter el alcohol sobre la herida. —¡¡Joder!! —me mordí los labios con fuerza, tratando de contener el dolor.Esto no era nada comparado con la última herida de bala que me había curado, pero aquella apenas había cicatrizado. Respiré hondo y, con unas pinzas, hurgué en la herida, apretando los dientes mientras la sangre fresca resbalaba por mi costado.—Vamos... vamos... —murmuré, intentando encontrar la maldita bala. El metal no dejaba de resbalar y mi mano temblaba por el escozor.Lo juro, ¡iba a matar a ese hijo de perra! ¡No se iba a escapar de esta! Con otro gemido de agonía, forcé las pinzas hacia dentro; el dolor me desgarró el abdomen y unas manchas negras nublaron mi visión.Casi suelto la herramienta, pero entonces, finalmente, alg
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