Tras escuchar todo el desahogo de Doris, Ava siente un nudo en el pecho. Una punzada de culpa la atraviesa al darse cuenta de que, en las últimas semanas, había sido demasiado dura con aquella mujer, alguien que, en el fondo, solo estaba intentando sobrevivir a un pasado que aún sangraba por dentro.Cuando Doris sale de la habitación, con pasos silenciosos y la cabeza baja, Ava se queda allí, mirando la puerta cerrada.Y, sin pensarlo dos veces, se hace una promesa silenciosa a sí misma: no voy a usar ese dolor en su contra. Nunca.Doris merecía, al menos, ese respeto.Decidida a despejar la mente, Ava se levanta, se pone un abrigo ligero, calza un par de zapatillas y baja al jardín. El aire fresco del exterior la envuelve como un abrazo suave. Respirando hondo, deja que la brisa se lleve un poco la confusión de sentimientos que aún corre dentro de ella.La casa de Hector está cerca de la playa y, desde donde está, puede sentir el olor del mar mezclado con el perfume de las flores que
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