Sintiendo aún el efecto del sueño perturbador con Hector, Ava solo consigue dormirse cuando el cielo ya comienza a aclarar. A las ocho de la mañana, la puerta de la habitación se abre lentamente y Doris entra con una bandeja de desayuno en las manos. Al ver que Ava aún duerme, se sorprende. Ella rara vez se quedaba en la cama hasta tan tarde.
Preocupada, Doris se acerca y toca su frente con la palma de la mano, comprobando si tenía fiebre. La piel de Ava, sin embargo, está tibia y normal. No ob