Ya en la habitación de la casa, Ava abre la bolsa que Hector le entregó y, con un suspiro sufrido, saca el vestido de dentro. Por primera vez, lo analiza con más cuidado.
La tela blanca se desliza entre sus dedos con una ligereza tan delicada que la irrita. Era hermoso —claro que lo era. Elegante, sofisticado, delicadamente provocador. Exactamente el tipo de elección que Hector Moreau haría: algo que irradiara poder y feminidad al mismo tiempo.
Sin darse cuenta, siente una incomodidad crecer en