Horas después, ya en casa, Ava se prepara para la cena. El día fue intenso, pesado… pero liberador. Había enfrentado otra tormenta y, esta vez, salió de pie. Mientras se mira en el espejo, ajustando un vestido ligero, respira hondo, lista para afrontar los próximos pasos. Hector, ahora a su lado, representaba más que un amor recuperado; era su fuerza.En el comedor, Rafaela organiza la mesa con esmero. Todo estaba impecable. Cubiertos alineados, copas brillando y el aroma de comida casera llenando el ambiente. Ethan termina de abrir un vino y David aparece ya con las maletas listas, pero sonriente, animado por haber conseguido un momento con todos antes del viaje.Cuando la puerta se abre, es Hector quien entra primero, de la mano de Ava. Detrás de ellos, Doris, con una sonrisa tímida y un brillo en los ojos que desbordaba orgullo.—Buenas noches —dice Ava, con una sonrisa tranquila.—Buenas noches —responde Rafaela, adelantándose para abrazarlos.—Esta es Doris, madre de Hector —anun
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