Cuando llega a casa, Ava entra en la sala y pronto es recibida con cariño por la familia, que la esperaba reunida.
—¡Buenos días, hija! —Rafaela se adelanta y la abraza con tanta fuerza que parecía querer guardarla entre sus brazos.
—Buenos días, mamá —corresponde al abrazo, sintiendo unas ganas enormes de llorar. —Te extrañé.
—No más de lo que yo te extrañé a ti, hija mía —responde, apretándola aún más. —¡Cuando tu padre dijo que estuviste aquí ayer, me puse tan feliz!
—Prometo que voy a venir