BARBARAMe quedé paralizada en el umbral, conteniendo la respiración mientras abrazaba con fuerza a mi pequeño Carlos, que dormía plácidamente, contra mi pecho. La magnitud y el lujo de la gran entrada me dejaron sin aliento, haciéndome comprender la verdadera riqueza de Troy, oculta tras su aparente tranquilidad.Me dedicó una cálida y tranquilizadora sonrisa mientras extendía la mano para guiarme por el inmenso pasillo, su mano apoyada en mi espalda, brindando una sensación de confort. Al final del pasillo, abrió unas pesadas puertas dobles, bellamente talladas, que revelaban una habitación digna de un palacio real.«Bienvenida a tu nuevo hogar, Barbara. No te preocupes por el tamaño de esta mansión, porque todo aquí te pertenece a ti y a tu hijo. Esta será la habitación privada del pequeño Carlos, y me he asegurado personalmente de que esté equipada con los mejores monitores médicos y las mantas más suaves que el dinero pueda comprar».Contemplé con asombro el enorme espacio, admir
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