BARBARA
Una semana después, el ambiente dentro de la mansión comenzó a cambiar lentamente y, por primera vez en mucho tiempo, finalmente sentí que podía respirar aliviada. Mi mundo entero giraba ahora en torno a mi bebé, Carlos, y a pesar del agotamiento, las noches en vela y la preocupación interminable, cada pequeña mejora en su estado hacía que mi corazón se sintiera más ligero.
Esa mañana, cargué con cuidado a Carlos en mis brazos mientras lo mecía suavemente cerca del gran ventanal de mi h