BARBARA
El sol de la mañana entraba suavemente por los grandes ventanales arqueados del gran comedor, proyectando un cálido resplandor dorado sobre la larga mesa de caoba donde Troy y yo estábamos sentados. El relajante aroma del café recién hecho llenaba el aire y, por un breve momento, el ambiente pacífico me hizo olvidar el intenso caos de mi vida pasada en la ciudad.
Tomé un sorbo lento y silencioso de mi delicada taza de porcelana, mirando al bebé Carlos descansar tranquilamente en su mode