TROY
Caminé lentamente hacia la gran ventana del hospital, fingiendo revisar las pesadas cortinas mientras sonreía con avidez ante el brillante reflejo en el cristal. Todo encajaba a la perfección, y el dulce sabor de la riqueza suprema y el poder absoluto estaba finalmente a mi alcance.
De ninguna manera iba a permitir que Bárbara volviera con Sebastián González ni que le contara la verdad sobre ese bebé enfermo. Por supuesto que la mantendría solo para mí, porque ella era mi boleto dorado al