BARBARA
Me quedé paralizada en el umbral, conteniendo la respiración mientras abrazaba con fuerza a mi pequeño Carlos, que dormía plácidamente, contra mi pecho. La magnitud y el lujo de la gran entrada me dejaron sin aliento, haciéndome comprender la verdadera riqueza de Troy, oculta tras su aparente tranquilidad.
Me dedicó una cálida y tranquilizadora sonrisa mientras extendía la mano para guiarme por el inmenso pasillo, su mano apoyada en mi espalda, brindando una sensación de confort. Al fin