CRISTAL
Aún disfrutaba de la magnífica vista de mi nuevo ático cuando el profundo silencio de la habitación se rompió con un repentino jadeo de mi jefa. Mariel golpeó su vaso contra la encimera como si un pensamiento aterrador la hubiera asaltado de la nada, palideciendo en la penumbra.
Se acercó a mí con paso apresurado, con los ojos muy abiertos por una profunda ansiedad que arruinó al instante el agradable y triunfal ambiente que estábamos disfrutando. Negó con la cabeza nerviosamente y me a